La Cenicienta que no quería comer perdices
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Cenicienta es una maltratada psicológica, la Ratita, anoréxica y Blancanieves, una yonki | 12/01/2010

La historia de La Cenicienta que no quería comer perdices empieza gracias a un encargo de un grupo de mujeres maltratadas que no se sentían identificadas con aquel tradicional final de muchos cuentos que pregonan aquello de "y fueron felices y comieron perdices". ¿Qué pasa después de comer perdices? ¿Por qué hay que comer perdices? ¿Existen los príncipes azules? Todas estas preguntas y muchas más son las que se hicieron la autora Nunila López y la ilustradora Myriam Cameros, amigas y colaboradoras por este mismo orden. Se conocieron en un bar de Barcelona, cuando Nunila estaba explicando uno de sus cuentos transgresores. Myriam se quedó prendada de su compañera y cuando supo del encargo que le habían hecho a Nunila se ofreció para ilustrar el libro. Tras hacer una primera autoedición, con la aportación económica de sus amigos, la obra cayó en manos de Planeta, editorial que hizo la primera edición y que acabó convirtiéndose en todo un símbolo de la igualdad no sólo en Barcelona sino en muchos otros lugares. Actualmente, y gracias al al fenómeno de Internet, la nueva Cenicienta ya es un personaje de culto en todo el mundo. Un cuento "que lucha contra los abusos de todo tipo" y que presenta a la vida, como un camino donde lo más importante es quererse a uno mismo. Había una vez, una entrevista que empezaba así...

-¿Estoy ante las dos grandes "quijotas" del siglo XXI? -Nunila López: ¿Qué quieres decir?
-Hombre, con su particular Cenicienta se han encargado de desmontar y desmitificar los cuentos tradicionales...
N: Bueno, en cierta manera sí, pero dilo sin el adjetivo "grandes" hombre, que somos más modestas (Ríe).

-¿Por qué lo han hecho?
N:-Porque esos cuentos que nos contaban de pequeños han hecho mucho daño, nos incitan a que busquemos un príncipe para ser felices.
Myriam Cameros: La idea que teníamos era la de reflejar otras realidades que van más allá del clásico "y fueron felices y comieron perdices". Creemos que esto no se ajusta a la realidad, ya que hay un montón de mujeres y hombres separados, familias con hipotecas...No sé si eso es la idea de la felicidad (Sonríe). Queríamos modernizar, en cierta manera, valores de hace algunos siglos que veíamos que no funcionaban.

-Ustedes se tragaron en su día muchos cuentos de princesas y príncipes azules...
-N: Hombre, nací en 1966, ya me dirás, era lo que había. Bueno, ahora todavía existe.

-¿En qué momento se dan cuenta de que sería conveniente leer o explicar otro tipo de cuentos?
N: Pues hace 20 años en el momento en que nació mi hijo. No quería que él se tragara lo que me había tragado yo.
M: Todos mis "bastas" no han sido porque los dijera yo, sino que ha sido la propia vida quien me ha abierto los ojos (Sonríe). Tuve un accidente de tráfico muy gordo que me hizo pensar en la forma de vida que llevaba. Hasta que la cambié...

-Myriam, ¿Qué pensó cuando vio a Nunila recitar sus particulares cuentos en los bares en los que coincidían?
-Antros, diría yo (Ríe). Tenía un don, y es que sabía llegar a la esencia de la vida y nos obligaba a destrozar todas las capas y vestidos que nos hemos ido tejiendo. Me sorprendió, y pensé que con mis ilustraciones esos cuentos podrían llegar a más gente, porque me daba rabia que eso acabara así.
(...)

-¿Por qué optaron por el de La Cenienta?
-N: Porque aparte del príncipe están los zapatos que es una forma de maltrato estético para la mujer. Para mí los zapatos de tacón simbolizan la carga que tenemos que llevar cada día las mujeres para estar guapas. El sacrificio. Las niñas que quieren operarse las tetas porque alguien les ha dicho que tienen que ser guapas. Y las perdices que están al final de los cuentos también.

-¿Qué les pasa?
-N: ¿Por qué tenemos que comer perdices? ¿Por qué tenemos que comer tanto animal que ha sido maltratado?

-La Cenicienta de su cuento es distinta a la que todos conocemos. Por citar un ejemplo ella no llega a casa a las doce de la noche, sino a las doce de la mañana siguiente y con resaca. ¿Qué hubiera pasado si la Cenicienta clásica hubiera tenido la libertad de su cuento?
-N: Pues que muchas otras mujeres hubieran seguido su ejemplo. El otro día me encontré una amiga que me dijo, "tendría que haber leído el cuento hace siete años cuando me separé". Creo que son necesarios otros modelos de mujeres.
-M: Supongo que no se habría contentado con la idea externa, hubiera hecho su propia búsqueda. Pero me cuesta imaginármelo, la verdad (Sonríe).

-Parece que nos cuesta encontrar ese momento en el que decir, basta...
-M: Sí, porque nos da miedo dar el paso aunque haya cosas que no nos estén haciendo felices en aquel momento, como puede ser un trabajo, una relación. Tenemos que aprender a buscar qué es lo que nos hace crecer y superar esa tristeza, a pesar de las opiniones de nuestro entorno.

-Todos los cuentos tienen una moraleja final. ¿El suyo radica en la importancia de quererse uno mismo?
-N: Sí, va por aquí. Es importante no depender de los demás para ser feliz. Si no estás bien contigo todo lo demás no funciona.
-M: Sobre todo porque estamos todos los días expuestos a unos mensajes que te dicen cómo es la felicidad. Nuestra teoría radica en que la felicidad te la fabricas tú, respetando siempre tu esencia. Es una lucha contra los mensajes impuestos de felicidad.
(...)


-¿Por qué nos empeñamos a buscar a nuestro príncipe o princesa azul durante toda la vida?
-M: En general somos personas muy vulnerables y con muchas carencias afectivas, siempre buscamos algo o alguien que nos reafirme. Por eso este cuento también es una crítica a la forma de relacionarnos emocionalmente, no tenemos una educación y a veces no sabemos cómo hacerlo.
-N: Bueno, yo ya he dejado de buscarlo (Ríe). Tenemos mucho miedo al abandono y entonces necesitamos saber que no estamos solos, pero cuando eres mayor ya nadie te puede abandonar ni salvar, eso sólo está en tus manos.

-¿Todos los cuentos que usted explica en bares u otros recintos son como este de la Cenicienta?
-N: Sí, más o menos, lo que pasa es que este es el primero en el que he deformado un cuento tradicional. Los demás tratan sobre otros aspectos y problemas de la vida.

-Como autora utiliza muchísimo la ironía y el sarcasmo para envolver sus historias...
-N: Sí, como autora y como persona. La única forma de salvarte a ti misma es reírte de ti. También es cierto que no necesitas a nadie para salvarte, pero si conoces a gente que está pasando por un proceso similar al tuyo es todo más fácil.

-¿Creen que generaciones mayores, acostumbradas a otro tipo de cuentos, valorarán positivamente su experimento futurista?
-N: Claro, tenemos un montón de fans de gente que tiene más de 75 años, muchísimos. Hay muy poca gente que haya protestado. También tenemos muchos seguidores masculinos, muchos más de los que nos esperábamos.
(...)

-Myriam, ¿en qué se inspiró usted para crear las ilustraciones del cuento que le sugería su compañera de viaje y mejor amiga?
-M: Quería una Cenicienta afectada por la vida, y que eso quedara reflejado en los dibujos. Si lo pasa mal está más afectada, y sonríe si está feliz. Estamos acostumbrados a que en la mayoría de los cuentos no hay casi matices. En la Cenicienta tradicional, el dibujo lleva el mismo peinado desde la primera viñeta hasta la última. Yo quería que tuviese matices. Este cuento es muy especial por muchas cosas, pero es importante porque muestra personajes vulnerables, que es algo que en la vida es normal y está muy bien, porque te permite aprender de tus propias equivocaciones. Tenemos la idea de que equivocarse es igual al fracaso, y no es verdad, equivocarse es la vida.

-Nunila, ¿pidió usted algún requisito especial a su compañera Myriam a la hora de ilustrar el texto?
-N: Ella cogió el cuento, hizo los esbozos, lo dibujó y la verdad es que me encantó desde el primer momento. Sus dibujos transmiten lo que yo quería, ver a Cenicienta como una niña o una mujer asustada como lo podemos ser cualquiera de nosotros. Y no es la única, también Blancanieves, la Ratita, Pinocho u otros personajes de cuentos. En verdad, la Ratita es anoréxica y Blancanieves es yonki, por poner dos ejemplos.
(...)

-Sí, mejor, no vaya a ser que salgamos los dos volando. Dicen ustedes que todos tenemos un papel en el cuento que nos ha tocado vivir, que es la vida. ¿Cuáles son los suyos?
-N: Ser feliz, y desde que el cuento ha dado la vuelta al mundo es algo más fácil, lo reconozco (Sonríe). También estar bien conmigo misma.
-M: Me ha tocado representar un poco de todo (Sonríe). Un poco de Cenicienta, un poco de madres castradora, un poco de todo...

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Entrevista a Nunila y Myriam. | 17/12/2009

Mira la emisión del programa Continuará, de RTVE para el circuito catalán, en que se entrevista a Nunila y Myriam.

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